lunes 30 de noviembre de 2009

UN CORAZÓN AFÍN ado



ya quisiera.
Sólo porque tiene unas caderas poderosas, ya se creen que pueden comparársenos.
Casi prefiero a las filiformes esas que se llevan ahora. Sin curvas. Ellas no pretenden parecérsenos, sólo faltaba.
Guitarras… y por qué no chelos, o violines?



En Lisboa me contaron que la guitarra portuguesa no existe, que es guitarra a secas y tiene forma de corazón y canta, llorona, a esas sensaciones extraña añoranza por la falta de algo que no se va a tener nunca y que no se sabe ni que es.
La otra es guitarra española.

No tenemos que ser obligatoriamente marrones o color madera.
A veces nos ponemos maquillaje, disfraz o pinturitas de guerra, según la ocasión y salimos a divertirnos.
Somos versátiles y resultonas.
E imprescindibles.



Adoro a Aramburu.
Qué retrato, qué bien me sacó.
Me encantó desde el principio, amor instantáneo,
qué arte, qué savoir faire,
qué dibujo…

Sin palabras.
Nada se puede decir de esta imagen.
dónde está nuestra sociedad protectora?
Qué desilusión y qué daño…
Pero si yo creí que me quería, tantas canciones habíamos tocado juntas…
y ahora de quién me fío?


He soñado que te abrazaba toda la noche, a veces dormida, a veces despierta, mi pecho contra tu espalda. El brazo se me dormía, pero hubiera soportado el hormigueo toda la vida, claro está.
Me he despertado con tortícolis y dolor de cuerdas