viernes, 3 de abril de 2009

aventura lunar


las camisetas de esta colección pueden verse todo el mes de abril en la Guajira, al final de la calle S. luis, esquina con c. Estación (69), valladolid. quedan rebién en este rinconcito tan encantador. os recomiendo el bar, música exquisita y la Piluca al frente (qué chica!).
como siempre, si alguien se encapricha de algún modelo, puedo hacerlo en otras tallas y en camisetas de chico o chica. nunca igual, claro, que es artesanal, pero parecidísimo.


Gitanilla sevillana, baila cuando está triste o cuando está contenta, así lo hicieron siempre las mujeres de su familia, cuando no sabe que hacer o cuando tiene mil tareas. Solamente una vez, paró durante semanas, sólo en esos días se la vio llorar de pena y, aunque nunca dijo por qué, yo sé que fue un mal de amores, o eso decían…



Si Ramón no viene, no hay fiesta, la música suena como perezosa sin él.
Comenzó a hacer ritmos antes de caminar, su madre le ponía cajas de madera diferentes para que se entretuviera mientras vendía pescado en el mercado. Pronto empezó la gente a echar moneditas al niño que tan sorprendentemente tocaba y su padre empezó a acompañarle a la guitarra. Enseguida dejaron el puesto de pescado y montaron un pequeño taller de fabricación de cajones donde el pequeño podía practicar y enseñar a otros chavales y mayores.
Tiene otra gran pasión, los ojos de Oren

Cuando Martina era pequeñita pidió unos zapatos para bailar flamenco a sus padres como regalo de cumpleaños, pero como no había sido muy buena en el colegio, ni hacía sus tareas en casa, no se los regalaron, así es que se fue al pinar y le pidió al hada Zaraguja que haría cualquier cosa por unos zapatos de lunares con tacón, el hada decidió hacerle el favor, pero como es un poco traviesa, preparó un hechizo que hacía bailar y bailar sin parar a Martina en cuanto se los ponía, así es que, muy lista la niña se les cambió a Macarena por los suyos, pues buena era ella, “a mi con hechizos, Zaraguja, jajaja”
Teodora empieza a cantar y todo el mundo guarda silencio, sólo sabe canciones tristes, las más tristes del mundo.
Cuando ella canta todos lloran de melancolía y los lagos crecen, los ríos se desbordan y el mar se vuelve más salado.
El caso es que Teodora no se siente especialmente nostálgica, aburrida o amargada, pero da igual la canción que intente cantar, al salir por su garganta se transforma inevitablemente.
Pero eso cambia cuando Ramón anda cerca…


Cleo sale todos los días guapísima de casa y se va al puerto por ver si viene algún barco y con él Fernando o alguna noticia al menos. El marinero que vino hace meses y poco después se fue dejándola más sola que la una está más presente en su corazón cada día. Del “tal vez vuelva, pero es mejor que me olvides” no recuerda más que la mitad, además de los besos, las caricias, las palabras dulces. Lo que olvidó es que tenía que olvidarle.

Macarena baila hasta que cae la noche, cuando se va a la cama sueña que baila, así que siempre está agotada, la pobre. La luna mira envidiosa el salero de esta chica, quisiera tener un vestido de volantes y mover las manos como ella, como si fueran pajaritos que no pueden salir volando del todo.
¿Cómo es posible que ni la luna sepa lo que ocurre de verdad?



Cuando Antonio sale a bailar hasta los pájaros se paran para oír su taconeo, todos miran hechizados, todas quieren bailar con él. Pero Antonio no tiene ojos más que para Cleo que justo no se da cuenta, obsesionada como está con la partida de Fernando, el marinero…
Está pensando en enrolarse en un barco ballenero, si a ella le gustan los hombres aventureros él deja de bailar y se va al otro lado del mundo, tal vez a la vuelta…



Oren se siente tan guapa cuando llega la feria con su traje de volantes, que ha decidido que abril sea todo el año y se ha encargado trajes de todos los colores, con lunares pequeños, grandes y medianos. La pena es que no sabe bailar muy bien, envidia a Macarena en secreto y adora a Antonio en público.